Detrás del telar hay una larga estructura de metal, con 336 ganchos de metal, para agarrar bobinas de hilo. Esta perteneció a la fábrica de seda Rosselin en Willimantic, la cual cesó funciones en 1995. Hebras de hilo se desenrollaban de la estructura de metal a los telares, en donde se convertían en urdimbre. Cada urdimbre pasaba a través de un ojete independiente en cada uno de los cables verticales del telar. Este telar tiene cuatro grupos de cables verticales. Una vez la tejedora ponía la urdimbre, ella luego usaba la máquina, la cual tejía la trama de hilos. La trama de hilos era cargada por lanzaderas voladoras, que asemejaban pequeños botes con puntas de metal a cada lado. Las lanzaderas voladoras se movían como a 60 millas por hora, y a veces se soltaban y volaban fuera del telar, golpeando a las trabajadoras causándoles heridas graves. Las tejedoras también sufrían pérdida de la audición debido al constante ruido ensordecedor de los telares.

La fotografía en la pared detrás de usted muestra una tejedora entre dos telares alrededor del 1890 en una fábrica en Bridgeport, CT. Los telares estaban muy juntos unos de los otros, lo cual hacía moverse por el área de trabajo algo peligroso. La trabajadora tiene el pelo recogido, por su seguridad. También tiene las mangas de su camisa enrolladas. Su falda era corta para las convenciones sociales del tiempo, llegando hasta un poco debajo de la mitad de sus pantorrillas, para no tropezar con el refajo, y que éste no se ensucie en el suelo grasoso. El cinturón de cuero sostenía sus herramientas, y la protegían en caso que ella tuviera que apoyarse contra una máquina en movimiento para alcanzar algún objeto.

A su derecha hay un largo telar de madera. El mismo usaba tarjetas perforadas con códigos para tejer hilos de múltiples colores en patrones intricados. A su izquierda hay un torneador grande de madera. Carretes ásperos hechos de madera de abedul blanco eran colocados en el torneador con una mezcla de arena y aserrín. El torneador se rotaba, tumbando los carretes hasta que estuvieran suaves. Más allá del interruptor del carrete, hay otro telar, manufacturado en Connecticut por la Compañía Atwood de Stonington, en 1875. 

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